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16 de julio 1838 se funda «La Trinitaria»: «En nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia»…

«En nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte»… JPDyD

Panorama Político.   En la penumbra de la Santo Domingo de 1838, donde el murmullo del salitre caribeño se mezclaba con el silencio impuesto por la ocupación, la palabra «La Trinitaria» germinó no solo como el nombre de una sociedad clandestina, sino como la fórmula maestra de la identidad dominicana.

Concebida un domingo 16 de julio de 1838 por la tarde, en la casa de doña Chepita Pérez (frente a la iglesia del Carmen), por Juan Pablo Duarte bajo una triple dimensión —la mística de un juramento sagrado, la precisión matemática de una estructura de seguridad celular y la belleza de un símbolo botánico que floreció en los cabellos de la resistencia—, esta palabra trascendió el lenguaje común para convertirse en el algoritmo fundador de la patria.

Así, La Trinitaria se erigió como el primer gran hito de la comunicación política nacional, demostrando que, para liberar a un pueblo de la opresión física, primero es necesario construir el concepto de su propia libertad en la mente de sus ciudadanos. Juan Pablo Duarte se reunió con ocho jóvenes más para fundar esta sociedad secreta.

Desde el análisis de la comunicación política, no fue solo un acto de valentía; fue una obra de arte de la comunicación política clandestina. Crearon células de tres personas donde los miembros no se conocían entre sí para evitar filtraciones de inteligencia del régimen haitiano.

Utilizaron el teatro (la «Sociedad Filantrópica») como canal de comunicación de masas para sembrar ideas liberales sin despertar sospechas directas. Básicamente, la primera campaña de marketing político de nuestra historia.

Los protagonistas: el «Focus Group» de la libertad

Aquella tarde en casa de Chepita Pérez no se reunieron generales ni terratenientes ricos; se reunió la pequeña burguesía intelectual de Santo Domingo. Jóvenes de entre 18 y 25 años que representaban el motor de la época:

Juan Pablo Duarte (25 años): el cerebro, el ideólogo y el estratega. El hombre que aportó la teoría política de la Ilustración y la estructura organizativa.

Juan Isidro Pérez (21 años): el «ilustrado», el orador apasionado, encargado de redactar y poner emoción a las ideas.

Pedro Alejandro Pina (18 años):  la audacia de la extrema juventud, quien más adelante arriesgaría todo en las misiones de propaganda.

Félix María Ruiz (23 años): el organizador logístico, un canal de comunicación clave entre los trinitarios y el resto de la juventud de la época.

Benito González (27 años): el de mayor edad del grupo original, aportando madurez a la mesa de discusión.

Felipe Alfau (20 años): el militar del grupo, cuya participación inicial fue clave, aunque los giros de la historia patria lo llevarían años más tarde por otros senderos ideológicos.

José María Serra (19 años): el impresor y cronista. De sus manos salían los pasquines clandestinos que amanecían pegados en las esquinas de la ciudad colonial.

Jacinto de la Concha (19 años): un joven de acción que se encargaba de la captación de nuevos miembros en los sectores populares.

Juan Nepomuceno Ravelo (23 años): el enlace con los sectores descontentos fuera de la capital, extendiendo la red de comunicación hacia el interior del país.

La Frase: el Juramento Trinitario

La comunicación política necesita de un eslogan fuerte, una declaración de principios que sea memorable y que resuma toda la doctrina del movimiento. Duarte la plasmó en el sagrado juramento que firmaron con su sangre:

«En nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana…»

Este texto no solo definió el objetivo de la guerra, sino que bautizó conceptualmente a la nación antes de que esta existiera físicamente en los mapas.

¿Por qué importa hoy?

En pleno siglo XXI, donde la política a veces parece reducirse a tendencias de TikTok, hashtags vacíos y encuestas efímeras, el 16 de julio de 1838 nos deja una lección profunda:

La política es construcción de sentido: Duarte entendió que la independencia no se lograría solo con fusiles; primero había que construir el concepto de «ser dominicano» en la mente de la gente. Nos enseña que, para cambiar una realidad material, primero hay que ganar la batalla cultural y narrativa.

La innovación de los canales: cuando los canales tradicionales están cerrados o controlados por el poder de turno, el estratega político debe tener la creatividad de encontrar nuevos espacios (como lo fue el teatro en 1838) para conectar con la gente.

El valor de la consistencia del mensaje: a pesar de los exilios, la pobreza y las traiciones que vendrían después, la marca «República Dominicana» diseñada aquella tarde de julio sobrevivió porque estaba cimentada sobre principios claros, no sobre conveniencias del momento.

La Trinitaria nos recuerda que las grandes transformaciones históricas no necesitan de masas ruidosas para empezar; bastan nueve voluntades bien comunicadas, organizadas y decididas a cambiar su mundo.