Panorama Internacional. La decisión de República Dominicana de expulsar a funcionarios diplomáticos cubanos y sus familiares se produce en un escenario regional en el que varios gobiernos han comenzado a marcar distancia con La Habana, algunos de ellos hasta el punto de romper relaciones diplomáticas.
La medida dominicana, que establece un plazo para la salida de los funcionarios, provocó una respuesta inmediata del Gobierno cubano, que la atribuyó directamente a las presiones de Estados Unidos para aislar a la isla y debilitar sus vínculos con otros países de la región.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, rechazó la decisión y sostuvo que no encuentra otra explicación que el supuesto sometimiento del Gobierno dominicano a Washington.
“No hay otra explicación para esta acción que no sea el sometimiento del Gobierno dominicano a las presiones del gobierno de EEUU, que, en su empeño de aislar a Cuba, se ha propuesto dañar nuestras relaciones diplomáticas con los países de la región”, afirmó Rodríguez en sus redes sociales.


El funcionario calificó la expulsión como una decisión que Cuba rechaza “en los términos más enérgicos” y cuestionó que República Dominicana haya ordenado la salida de los diplomáticos cubanos y sus familiares. La acusación llega en momentos en que la relación de Cuba con varios gobiernos de América Latina y el Caribe atraviesa un proceso de mayor distanciamiento.
Ecuador dio uno de los pasos más drásticos el pasado 4 de marzo, cuando ordenó la expulsión de todo el personal de la Embajada de Cuba, retiró a su embajador en La Habana y cerró su representación diplomática.
Costa Rica tomó posteriormente una decisión similar. De acuerdo con reportes de la agencia EFE, el presidente Rodrigo Chaves ordenó la salida de diplomáticos cubanos y anunció la ruptura de relaciones con el Gobierno de Cuba.
El mapa regional también tiene a Colombia entre los países que han planteado un posible quiebre con La Habana. El entonces presidente electo Abelardo de la Espriella había anunciado, antes de asumir el poder el 7 de agosto, su intención de romper relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua, a cuyos gobiernos calificó de “tiranías”. Sin embargo, esa decisión no había sido anunciada oficialmente tras su llegada a la Presidencia.
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La presión sobre Cuba va más allá de las embajadas
La expulsión de diplomáticos ocurre mientras Cuba enfrenta además una presión económica y energética que La Habana atribuye en buena medida a las políticas impulsadas desde Washington. La salida de Nicolás Maduro del poder, impulsada por la administración de Donald Trump, dejó a Cuba sin uno de sus principales aliados políticos y económicos en la región, junto a Nicaragua.
A esto se suman las restricciones promovidas por Estados Unidos al suministro de petróleo hacia la isla, en un momento en que Cuba atraviesa una crisis energética marcada por apagones prolongados y escasez de combustible.
En República Dominicana, sectores políticos, especialmente de izquierda, han interpretado las recientes decisiones contra Cuba como parte de una estrategia estadounidense para aumentar la presión sobre el Gobierno cubano.
La decisión dominicana se produjo, además, el mismo día en que Cuba conmemoraba el centenario del nacimiento de Fidel Castro, mientras en el país se realizaba un acto en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
RD no explica la decisión
El Gobierno dominicano no ofreció detalles sobre las razones que llevaron a disponer la salida de los funcionarios cubanos. La explicación oficial se limitó a señalar que la medida fue adoptada conforme a la normativa vigente y que el asunto será manejado por los canales diplomáticos correspondientes.
“Al tratarse de comunicaciones diplomáticas, no se ofrecerán detalles adicionales”, indicó el Gobierno.
Así, mientras Santo Domingo mantiene silencio sobre las razones concretas de la expulsión, La Habana coloca la decisión dentro de un escenario más amplio: el de una región donde Cuba ha comenzado a perder espacios diplomáticos y donde algunos gobiernos ya han optado por romper relaciones.
Para el canciller cubano, ese movimiento no responde a decisiones aisladas de cada país, sino a una estrategia de Estados Unidos para estrechar el cerco diplomático alrededor de la isla.





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