Cumaná (Venezuela).- El sismo de magnitud 7,4 en Colombia golpeó de cerca a varias familias del estado Sucre, en el noreste de Venezuela, que viven hoy entre la dolorosa incertidumbre de no tener noticias sobre sus seres queridos desaparecidos en el país vecino y la búsqueda de ayuda para repatriar los cuerpos de quienes no sobrevivieron.
Los familiares en esta entidad costera venezolana, ubicada en el extremo opuesto de la frontera con Colombia, están apelando a las redes sociales y la solidaridad comunitaria para poder acceder a información, pues la falta de contactos locales y la imposibilidad de comunicarse con las autoridades los ha dejado sin alternativas para resolver aspectos relacionados con la repatriación de cuerpos y los elevados costos que implica.
En Arapo, un poblado pesquero y turístico distante a 56 kilómetros de Cumaná -capital de Sucre-, la tragedia del terremoto en Colombia mutó rápidamente en una batalla económica contra el tiempo. Oriannis Rodríguez vivió la angustia de perder a su prima Petra María Gómez, una dirigente comunitaria que había emigrado a la ciudad de Cartagena siete años atrás con sus dos hijas y dos nietos.
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«El día anterior al terremoto la habían dado de alta tras una operación. Estaba en su casa cuando ocurrió el sismo y, por el impacto (el susto por el temblor), sufrió un ataque cardíaco», relató Rodríguez.
Al dolor de la pérdida repentina se le sumó la traba financiera: mil dólares de adelanto exigidos para poder trasladar el cadáver desde Cartagena hasta su tierra natal.
«Pudimos pagarlos, pero quedamos muy endeudados», apuntó la también madre de dos y ama de casa.
Para costear los gastos de la repatriación Rodríguez tuvo que emprender una colecta pública en redes sociales y gracias a ello y al legado que Petra dejó en su pueblo como dirigente comunitaria, logró reunir parte del dinero que requerían. No pudo conseguir ayuda estatal.
El féretro llegó finalmente a ese turístico pero empobrecido pueblo al mediodía de este viernes 14 de agosto.
En busca de sus hijos
A 150 kilómetros de Cumaná, en una zona rural de la localidad de El Pilar, Nieves Malavé vive días de zozobra intentando saber cómo están sus dos hijos, de 9 y 11 años, radicados desde hace seis años en Pereira -una de las ciudades más devastadas por el sismo- junto a su padre.
Después de tres días de desesperada búsqueda, esta mujer recibió un mensaje de WhatsApp del padre de los niños que confirmaba que los tres están vivos, pero desde entonces no ha habido más comunicación.
Para Nieves, dedicada a cultivar maíz y hortalizas, cada intento por obtener información es un calvario logístico. En el caserío donde reside no dispone de servicios de telefonía, por lo que debe trasladarse hasta el casco urbano de El Pilar.
No obstante, en el área urbana también debe enfrentarse a conexiones inestables y cortes eléctricos de hasta seis horas diarias que bloquean cualquier actualización.
La escasa comunicación con el padre de los niños y la información sobre los severos daños en Pereira agravan la desesperación en la que vive esta mujer y que ya le impide dormir.
Sin canales oficiales a los cuales acudir, las plataformas digitales se han transformado en la única vía a la que Nieves puede insistir para obtener información.
Al menos 294 personas murieron en el terremoto que sacudió el lunes a Colombia y 320 permanecen desaparecidas, según el informe que divulgó el viernes la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
El terremoto tuvo como epicentro la localidad de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, en la región del Pacífico, y deja además 3.975 heridos, 102.262 personas de 45.523 familias afectadas y 12.828 viviendas destruidas.



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