El presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos lleva una ventaja significativa sobre China en la carrera por la inteligencia artificial y atribuyó ese liderazgo a una decisión propia: haber autorizado la construcción de plantas de generación eléctrica privadas para las grandes empresas tecnológicas.
“Le estamos ganando a China por mucho en inteligencia artificial porque permití que se construyeran estas plantas”, dijo Trump en una entrevista con la revista Fortune realizada en el Despacho Oval, horas antes de partir hacia Beijing para una cumbre con el presidente chino Xi Jinping. “Estas empresas construyen ahora sus propias unidades eléctricas, no usan la red en absoluto. De lo contrario, no podríamos competir. Es importante que ganemos.”
El mandatario señaló que las principales compañías tecnológicas del país —entre ellas Meta, Amazon y Alphabet— invierten cada una más de 100.000 millones de dólares este año principalmente en infraestructura de IA, lo que ha impulsado al sector a niveles récord. Trump describió la escala de los nuevos centros de datos como algo sin precedentes. “El Pentágono siempre fue el edificio más grande jamás construido”, dijo. “Eso es como un juguete en comparación. Estos son los edificios más grandes que alguien haya podido imaginar.”
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Centro de datos de Amazon Web Services en Ashburn, Virginia. Las grandes tecnológicas invierten más de 100.000 millones de dólares cada una en infraestructura de IA, según destacó Trump. (REUTERS/Jonathan Ernst)
Sobre los riesgos de la tecnología, el presidente reconoció su carácter dual pero no abordó los temores de pérdida de empleo que preocupan a amplios sectores de la población. “Hay poder para el bien”, dijo. “Con la medicina, ya lo he visto.”
Intel, Taiwán y el Estado accionista
“Hago uno de esos tratos cada día que ninguna persona normal haría”, dijo Trump al describir su filosofía de intervención económica. El caso más emblemático es Intel: a cambio de convertir en capital los subsidios federales ya comprometidos con el fabricante de chips, la administración obtuvo una participación del 9,9% en la compañía.
Trump reconstruyó la negociación con el CEO Lip-Bu Tan con evidente satisfacción. “Le dije: ‘Dale al país el 10% de la propiedad de Intel gratis’. Me dijo: ‘Trato hecho’. Le dije: ‘Mierda, tendría que haber pedido más’.” Según el presidente, esa posición vale hoy más de 50.000 millones de dólares.
Detrás de la apuesta por Intel hay también una lectura geopolítica. Trump considera que el declive del fabricante estadounidense frente a TSMC, el gigante taiwanés que hoy domina la producción global de semiconductores, fue evitable. “Intel debería ser la empresa más grande del mundo ahora mismo. Si hubiera sido presidente cuando estas compañías empezaron a traer sus chips desde China, habría puesto un arancel que habría protegido a Intel”, dijo. “Intel tendría ahora todo ese negocio, y no existiría Taiwán” como potencia chipera, añadió.
La referencia a Taiwán cobró una dimensión adicional días después, durante la cumbre de Beijing. Cuando Xi Jinping le preguntó directamente si Estados Unidos defendería a la isla ante un eventual ataque chino, Trump se negó a responder.
El presidente de Estados Unidos aseguró que no asumió ningún compromiso sobre el futuro de la isla
La ambigüedad irritó a Taipéi. El presidente taiwanés William Lai respondió el domingo con una declaración pública: “Taiwán jamás será sacrificado ni intercambiado.”
Boeing: el presidente como vendedor en jefe
La misma lógica de intervención estatal que llevó a Trump a convertirse en accionista de Intel se aplica, de otra forma, a Boeing. El gigante aeroespacial no necesitaba un rescate sino mercados, y ahí el presidente encontró su rol: vendedor en jefe.
En cada gira diplomática, Trump presiona a sus interlocutores para que compren aviones del fabricante estadounidense, el mayor exportador aeroespacial del país y uno de los pilares del superávit comercial que Washington registra en ese sector. El CEO Kelly Ortberg lo llamó “Vendedor del Año”, un título que Trump aceptó con orgullo. “Quiero ayudar a las empresas estadounidenses. No hay nada en esto para mí más allá de querer que les vaya bien”, dijo.
Tres días después de la entrevista con Fortune, anunció desde Beijing que China se comprometió a adquirir 200 aeronaves de la compañía, el cierre más visible de su gira asiática en materia comercial.
Irán: “Les digo: ‘¿Están locos?’”
El canciller iraní Abbas Araghchi y el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf. Teherán respondió esta semana a una nueva propuesta de paz estadounidense pero calificó sus condiciones de “excesivas”. (AFP)
El conflicto con Irán opera como la principal fuente de incertidumbre sobre toda la agenda económica de Trump. La inflación trepó a 3,8% en mayo, impulsada en parte por el encarecimiento del petróleo, y el presidente admitió que los recortes de tasas que impulsa desde hace meses tendrán que esperar. “No se pueden mirar las cifras hasta que termine la guerra”, concedió.
Aun así, Trump describió a los líderes iraníes con el mismo lenguaje que reserva para los negociadores difíciles en los negocios. “Gritan todo el tiempo. Pero te puedo decir una cosa: están desesperados por firmar. Aunque hacen un trato y después te mandan un papel que no tiene ninguna relación con lo que acordaron. Les digo: ‘¿Están locos?’”
El intercambio diplomático, sin embargo, continúa. Este lunes, la cancillería iraní confirmó que Teherán respondió a una nueva propuesta estadounidense y que los contactos siguen activos a través de la mediación pakistaní.
Las posiciones, no obstante, siguen distantes. Según la agencia iraní Fars, Washington presentó una propuesta de cinco puntos que incluye la exigencia de que Irán mantenga en funcionamiento un único sitio nuclear y transfiera su reserva de uranio altamente enriquecido a Estados Unidos. Teherán, por su parte, reclama la liberación de activos congelados en el exterior, el levantamiento de sanciones y el pago de reparaciones de guerra, a las que califica de compensación por un conflicto “ilegal y sin fundamento”. La agencia Mehr describió las condiciones estadounidenses como “excesivas” y advirtió que la negociación podría llegar a un punto muerto.
El estrecho de Ormuz, que Irán ha mantenido en gran medida cerrado desde el inicio del conflicto, permanece como uno de los principales puntos de fricción. Teherán exige garantías de que seguirá controlando la vía marítima estratégica; Washington, según los informes, solo cesará las hostilidades cuando Irán participe en negociaciones de paz formales.
Aranceles y un fallo que lo irrita
Trump anuncia los aranceles del “Día de la Liberación” el 2 de abril de 2025. La Corte Suprema declaró inconstitucional cerca de la mitad de esas medidas, obligando al gobierno a devolver 149.000 millones de dólares. Archivo.
La entrevista también estuvo marcada por la frustración de Trump ante un fallo reciente de la Corte Suprema que declaró inconstitucional aproximadamente la mitad de los aranceles del llamado “Día de la Liberación”. El presidente no ocultó su malestar.
“Me molesta de verdad”, dijo. Si bien reconoció que puede implementar los aranceles por otras vías legales, el fallo reducirá los ingresos proyectados. Pero lo que más le molestó fue la obligación de devolver lo ya recaudado. “¿Pueden imaginarlo? A gente que nos odia, a países que nos estafaron durante años, tengo que devolverles 149.000 millones de dólares.”
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Trump defendió su estrategia arancelaria como un mecanismo para generar ingresos frescos sin necesidad de subir impuestos a los ciudadanos ni recortar prestaciones sociales, frente a una deuda nacional que asciende a 38 billones de dólares. Para ilustrar su visión, recurrió a una analogía inmobiliaria: “Si pones el valor del Gran Cañón, los océanos… son cientos de billones de dólares. Si mantienes la deuda en 40 billones, estás muy por debajo de tu capacidad de apalancamiento.”
Sin sucesor a la vista
Trump junto al secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente JD Vance en el Despacho Oval. Ambos son mencionados como posibles continuadores de su modelo de gobierno.
Al cierre de la entrevista, Trump fue preguntado por su legado y por quién podría continuar su estilo de gobierno una vez que abandone la Casa Blanca en enero de 2029. Los nombres sobre la mesa son conocidos: el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, o incluso su hijo Donald Trump Jr. Pero el presidente esquivó cualquier designación y ofreció una advertencia en su lugar. “Quien consiga este trabajo va a ser muy importante. Y si es la persona equivocada: un desastre.”
Luego fue más directo sobre sus propias expectativas. “No lo sé. No va a volver a pasar”, dijo cuando se le preguntó si alguien podría replicar su modelo de gestión económica.




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