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El acuario que perdió el asombro: entre peceras deterioradas y un túnel que sigue esperando

Panorama Nacional. Erick apenas cruzó la entrada y comenzó a mirar de un lado a otro. Tiene ocho años, la edad en la que un pez de colores basta para despertar la curiosidad. Sin embargo, esa no fue su reacción.

Mientras caminaba entre las primeras peceras, comparaba lo que veía con otro acuario que había visitado tiempo atrás, uno mucho más pequeño, ubicado dentro de una plaza comercial.

«¿Qué acuario es este?», preguntó a su madre. No se refería al tamaño. Hablaba de la sensación.

Decía que faltaban colores, que había pocos peces y que el agua de algunas peceras, especialmente las ubicadas en la entrada, parecía «sucia». Para él, aquello no se parecía al gran acuario que imaginó antes de llegar.

Después encontró un tobogán. Y entonces hizo lo que hacen los niños: dejó atrás las preguntas y salió corriendo a jugar. Su madre siguió caminando.

Fue entonces cuando el recorrido dejó de parecer una simple salida familiar para convertirse en una fotografía del estado actual del Acuario Nacional.

En varias peceras era visible el óxido que cubría parte de los marcos metálicos. En otras, las filtraciones parecían haber dejado marcas permanentes y la pintura mostraba señales de desgaste. No eran detalles aislados. Eran elementos que aparecían una y otra vez a lo largo del recorrido.

El deterioro seguía presente incluso después de la reapertura del parque, resultado de un proceso de remozamiento que buscaba devolverle vida a uno de los espacios recreativos y educativos más emblemáticos del país. Y la ausencia más evidente esperaba detrás de una puerta cerrada.

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El túnel submarino que fue durante décadas la principal atracción del Acuario Nacional, permanece fuera de servicio. Un aviso informa que está cerrado por remodelación. No hay peces sobre las cabezas de los visitantes, ni el recorrido que por años convirtió ese espacio en el momento más esperado de la visita. Solo una puerta cerrada.

Una remodelación que sigue incompleta

La historia del remozamiento del Acuario Nacional comenzó con grandes expectativas. En diciembre de 2024, el presidente Luis Abinader encabezó la reapertura de la institución tras concluir la primera fase de intervención, una inversión de RD$93 millones financiada por el Banco de Reservas y la Fundación Reservas del País.

Momento en que las autoridades dejan abierto el Acuario Nacional. fuente externa.

Momento en que las autoridades dejan abierto el Acuario Nacional. fuente externa.

La remodelación permitió rehabilitar varias salas de agua salada y agua dulce, incorporar nuevas especies, modernizar la boletería e introducir mejoras en distintos espacios destinados a la educación ambiental y la conservación marina. Pero desde entonces el proyecto quedó dividido por etapas.

En junio de 2025, las propias autoridades informaban que la segunda fase que incluía el parque y el emblemático túnel, todavía no había comenzado. En ese momento se explicó que el parque sería intervenido con recursos del propio Acuario Nacional, mientras que la remodelación del túnel dependía de una nueva inversión de la Fundación Reservas del País debido al alto costo de los trabajos.

Meses después, en marzo de este año, fue inaugurado el parque infantil Protocolo SPAW como parte de esa segunda etapa. Sin embargo, el túnel volvió a quedar pendiente.

En abril de 2026, luego de que circularan imágenes sobre su deterioro en redes sociales, el Acuario Nacional confirmó que la estructura permanecería cerrada al público mientras se planificaba una tercera etapa del proyecto. La institución explicó que el área había sido evaluada por una empresa internacional especializada y que continuaba el proceso técnico previo a su intervención. Desde entonces, la situación no ha cambiado para los visitantes.

Un recorrido entre contrastes

El Acuario Nacional continúa recibiendo familias, grupos escolares y visitantes interesados en conocer las especies marinas y de agua dulce que alberga la institución. Los niños siguen encontrando espacios para jugar. Los peces continúan nadando detrás de los cristales. Pero también permanecen visibles señales de desgaste que contrastan con la inversión realizada durante los últimos años.

Las marcas de óxido en algunos marcos metálicos, filtraciones, pintura deteriorada y el cierre indefinido del túnel forman parte del recorrido tanto como las especies exhibidas. El contraste se vuelve inevitable.

La primera fase permitió recuperar parte de las instalaciones, pero el principal atractivo del recinto continúa fuera del circuito de visitas, mientras otras áreas abiertas muestran el paso del tiempo.

El recuerdo que deja la visita

Al finalizar el recorrido, Erick no hablaba de tiburones ni de rayas. Tampoco del pez payaso o de las tortugas. Lo que más recordaba era el tobogán.

Del túnel submarino, ese que durante generaciones convirtió al Acuario Nacional en una visita obligada para miles de dominicanos, solo pudo llevarse la imagen de una puerta cerrada.

Una puerta que, pese a los anuncios, la inversión realizada y las etapas de remodelación ejecutadas, sigue esperando abrirse nuevamente al público.